
Es algo que se sabe, el problema es cómo buscarle solución al endémico mal, uno de los principales flagelos de la depauperada economía cubana.
El gobierno del General Raúl Castro exige cada día a los cubanos que para que se eleve el nivel de vida, y en líneas generales disminuya los graves problemas de la economía, hay que trabajar más. Algunas medidas se han tomado para hacer que los cubanos produzcan más, pero ¿son suficientes? Muchos expertos y economistas no creen que las actuales medidas sean lo suficientemente efectivas para elevar la productividad y el problema sigue siendo que los cubanos saben que su trabajo no es renumerado correctamente y por ello piensan que es mejor no trabajar, o vivir del cuento, o inventar, o resolver, antes que trabajar por un salario que apenas alcanza para cubrir las necesidades más elementales. As las cosas en el mercado laboral cubano.
Entonces el gobierno responde que en Cuba no hay que pagar alquileres, la atención médica y la educación es gratuita, que para que la gente gane más tiene que trabajar más. Pero esas verdades a medias, no convencen a los cubanos, que saben que lo que ganan no les alcanza, y que las llamadas reformas, no han logrado calar lo suficiente como para que de veras valga la pena esforzarse en trabajar para vivir. Es posible que algo cambie, pero muy lentamente.
Mientras el Estado sea el gran benefactor, el tutor, con su actitud paternalista, y la economía cubana no se reforme al igual que en otros países comunistas, como China o Vietnam, los problemas seguirán como ahora e incluso podrán empeorar en un futuro cercano.
Aunque Raúl parece ser más pragmático que su hermano Fidel, lo cierto es que aún persiste el freno ideológico, que como antaño es el principal enemigo del progreso económico de la Isla. Ahí están aún sin cumplirse algunas de las prometidas reformas, como la liberación del mercado inmobiliario, la venta de automóviles, y muchas otras promesas que al parecer han caído ahora en saco roto.
Por mucho que Raúl quiera reformar y echar adelante la economía, mientras la apertura no sea verdadera y no a medias tintas, los cubanos tendrán que seguir apretándose el cinturón, aunque ya desde hace muchos años, no hay dónde apretar.








